Y es cierto, suena a justicia social pura. El problema viene cuando empezamos a tirar de hemeroteca y nos damos cuenta de que esta misma premisa exacta (cambiando la palabra "digna" por "decorosa") era el gran lema que se repetía sin cesar en la Cuba del año 1960.
Cuando uno saca a relucir este tipo de paralelismos históricos, la respuesta automática de la gente suele ser siempre la misma: "Bueno, es que España nunca va a ser Cuba, eso aquí es imposible".
Y es justo en esa frase donde reside el verdadero peligro. Porque, si repasamos la historia reciente, nos daremos cuenta de un patrón que pone los pelos de punta:
Cuba no fue siempre Cuba. Hubo un día en el que los cubanos decían con total seguridad: "Nosotros no somos la Unión Soviética". Años más tarde, hubo un día en el que Venezuela miró a su alrededor y dijo: "Nosotros no somos Cuba, eso aquí no va a pasar". Y tiempo después, hubo un día en el que Argentina se confió y dijo: "Tranquilos, nosotros no somos Venezuela".
El síndrome del "aquí no va a pasar" es una venda en los ojos que nos impide ver las señales.
Volvamos a esa Cuba de 1960. Bajo el escudo moral de que "toda familia tiene derecho a una vivienda decorosa", Fidel Castro comenzó a expropiar a todos los ciudadanos. Se instauraron medidas que, vistas con perspectiva, marcaron el inicio del colapso:
Se prohibió todo tipo de arrendamiento.
Se congeló y eliminó la compra, venta y alquiler de inmuebles.
Se decretó que a todo inquilino se le iba a dar la propiedad de la casa en la que estuviera viviendo en ese momento.
¿Cuál era el gran objetivo que se vendía a la población para justificar estas medidas tan drásticas? Acabar con el negocio de la vivienda. Eliminar a los propietarios y a los arrendadores de la ecuación para que el Estado tomara el control absoluto.
Hoy, décadas después, encendemos la televisión o abrimos las redes sociales y escuchamos discursos que demonizan el alquiler, que hablan de intervenir el mercado a la fuerza y que utilizan exactamente las mismas palabras y justificaciones para plantear soluciones mágicas al problema habitacional.
Llegados a este punto, solo me queda recordar que este es mi blog, mi opinión y dejar que cada uno saque sus propias conclusiones.
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