Hay algo que siempre me ha parecido curioso de los conflictos humanos: la facilidad con la que algunas personas hablan cuando la persona afectada no está delante y el silencio que aparece en cuanto la tienen enfrente.
Se escuchan opiniones, críticas, rumores y comentarios de todo tipo. Hay quien tiene mucho que decir cuando está rodeado de gente que le da la razón, cuando escribe desde la distancia o cuando sabe que no tendrá que enfrentarse a una respuesta. Sin embargo, cuando llega el momento de sostener esas mismas palabras cara a cara, la seguridad desaparece.Por eso, cuando escucho que alguien ha dicho algo sobre mí, mi primera reacción no suele ser enfadarme. Lo que realmente me llama la atención es preguntarme si esa persona sería capaz de repetirlo delante de mí exactamente igual.
"Que venga y me lo diga de frente."