Si tienes menos de 25 años o sientes que tu lóbulo frontal aún está en fase de construcción, quiero que te sientes un momento. Ponte cómoda, prepárate, y escúchame con la misma atención con la que escucharías a una hermana mayor que ya ha caminado por donde tú estás pisando ahora.
Vengo de tu futuro. Y quiero contarte una historia y una lección que aprendí hace ya mucho tiempo, algo súper valioso que me habría salvado de muchísimos dolores de cabeza si alguien me lo hubiera explicado antes.
Hace años, me di cuenta de una verdad universal:
a lo largo de tu vida, te va a pasar algo profundamente injusto.
No sé exactamente qué forma tomará en tu caso. No sé si será que de repente tu grupo de amigos de toda la vida te margina y te empieza a putear sin ningún motivo aparente. No sé si se inventarán cosas tuyas que son completas mentiras, si una amiga a la que considerabas hermana te traicionará, o si tu novio te dejará por la puta cara para irse con tu mejor amiga (o con la suya). Sea lo que sea, te garantizo que algo muy turbio y doloroso te va a suceder.
Cuando me pasó a mí, el mundo se me cayó encima. Y por eso, hoy quiero dejarte claras un par de cosas vitales que aprendí en aquel entonces.