Copitos de Nieve

09 septiembre 2026

Vivo enamorada del amor

Espero terminar casándome con el que tiene más ganas de mi cumpleaños que yo.


La vida está llena de porqués y ojalás. Si miro hacia atrás, siempre he tenido claro que me quería casar. Pensaba, ilusa de mí, que también tenía claro con quién. Pero supongo que la vida es caprichosa a veces, y los planes que trazamos con tanta seguridad terminan tomando desvíos que jamás imaginamos.

El "ridículo" sueño de amar

Supongo que, para la sociedad de hoy, resulta casi ridículo pensar que el mayor sueño de alguien puede ser, simple y llanamente, tener una familia. Cuánta propaganda nos han vendido para hacernos creer que eso es poca cosa, que desear un hogar y un amor para toda la vida es conformarse.

No nos confundamos: sigo teniendo otras aspiraciones en la vida. Tengo metas, proyectos y sueños individuales que van mucho más allá de casarme o tener hijos. Pero mi anhelo de formar una familia sigue ahí, intacto y latiendo con fuerza, sin pedirle permiso a nadie.

Los miedos que no se cuentan

Pero si me preguntan, y ese día me pillas con ganas de hablar y con el corazón en la mano, te diré la verdad: sí, tengo miedo.

  • Sí tengo miedo a casarme con alguien que, de repente, un día se levante, me mire y ya no me quiera.

  • Sí tengo miedo a darlo todo y, aun así, no sentirme suficiente.

  • Sí tengo miedo a equivocarme. Sí tengo miedo a muchas cosas.

Pero, pensándolo bien, ¿qué sería de la vida si no tuviéramos miedo? Todo lo que realmente vale la pena asusta. Es esa sensación de subidón en el estómago, ese vértigo exacto que te atrapa cuando algo maravilloso —o algo terrible— va a suceder. Y qué difícil es diferenciar ambas cosas justo en el momento en que estás saltando al vacío.

Ser visto es una pasión inmensa

Vivo enamorada del amor y moriré enamorada del amor.

Pero espero casarme. Y, sobre todo, espero casarme con el bueno. Con el amable, con el atento. Con ese que, al mirarme, piensa que soy su vida entera. Dios sabe que es así, que mi corazón no se conforma con menos.

Porque el amor es lo más bonito, lo más puro y desinteresado que un humano puede dedicarle a otro. Y ser visto —realmente visto y comprendido por alguien— es una pasión inmensa.



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