Copitos de Nieve

12 septiembre 2026

De cuernos, madurez y falta de tiempo

A los 19 o 20 años es completamente normal que te comas la cabeza pensando en si te van a poner los cuernos. A esa edad parece una preocupación constante, casi un deporte de riesgo. Inviertes horas analizando likes, tiempos de respuesta y miradas de reojo.

Pero claro, cuando uno va cumpliendo años, la perspectiva cambia radicalmente por una sencilla razón: es que ya no queda tiempo material para estar pendiente de esas cosas.

Mi agenda no me da para el drama

No sé si vosotras tenéis la energía para andar haciendo de detectives privados y vigilar si os la están pegando, pero yo es que no tengo la vida para esos trotes. Literalmente, mi agenda no tiene ningún hueco disponible para el drama.

Si me pongo a repasar mi día a día, la lista de prioridades es abrumadora:

  • Tengo que estudiar: porque pelearme a diario con la inteligencia es mi pasión.

  • Tengo vida social (o lo intento): necesito tiempo para responder a esos mensajes que quiero responder, además de lidiar con los correos electrónicos que llevan una semana mirándome mal desde la bandeja de entrada.

  • Tengo que sobrevivir: me espera una montaña de ropa pendiente de doblar, tareas sin terminar y un sueño acumulado que, a estas alturas, ya podría considerarse patrimonio histórico.

Y si a todo este caos vital le sumas la responsabilidad de dar amor y sacar adelante a Nancy, a Sancocho, a Mía, a Luna y a Suri Catalina... el día de 24 horas se queda cortísimo.

La verdadera definición de madurez

Entonces, yo me pregunto: entre los apuntes, la ropa sin doblar, las mascotas, los correos y el cansancio crónico... ¿en qué momento exacto se supone que voy a estar pendiente de lo que hace o deja de hacer el mozo? ¿Cuándo? Es material, física y humanamente inviable.

Al final, me he dado cuenta de una verdad absoluta:

La madurez resulta ser eso: estar demasiado ocupada con la vida real como para perder el tiempo con tonterías.

Si alguien te va a fallar, lo va a hacer igual, y la verdad, prefiero enterarme habiendo dormido un rato y con mi vida en orden, que perdiendo el tiempo jugando a las espías.

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