Hay algo que siempre me ha parecido curioso de los conflictos humanos: la facilidad con la que algunas personas hablan cuando la persona afectada no está delante y el silencio que aparece en cuanto la tienen enfrente.
Se escuchan opiniones, críticas, rumores y comentarios de todo tipo. Hay quien tiene mucho que decir cuando está rodeado de gente que le da la razón, cuando escribe desde la distancia o cuando sabe que no tendrá que enfrentarse a una respuesta. Sin embargo, cuando llega el momento de sostener esas mismas palabras cara a cara, la seguridad desaparece.Por eso, cuando escucho que alguien ha dicho algo sobre mí, mi primera reacción no suele ser enfadarme. Lo que realmente me llama la atención es preguntarme si esa persona sería capaz de repetirlo delante de mí exactamente igual.
"Que venga y me lo diga de frente."
No porque busque una pelea ni porque quiera demostrar quién tiene razón, sino porque la honestidad exige presencia. Las palabras tienen un peso distinto cuando uno tiene que hacerse responsable de ellas mirando a los ojos de la otra persona.
Resulta fácil lanzar comentarios desde lejos, escribir mensajes ambiguos, hacer insinuaciones o hablar en círculos donde la persona señalada nunca podrá responder.
Lo difícil es asumir las consecuencias de lo que se piensa y expresarlo con claridad.
Al final, la diferencia entre la sinceridad y la cobardía suele ser muy simple:
🌱 La sinceridad puede resultar incómoda, pero se expresa de frente.
🍂 La cobardía necesita distancia para sentirse segura.
Y quizá por eso, cuando alguien tiene algo que decirme, prefiero que lo haga directamente. Porque una verdad incómoda dicha a la cara siempre vale más que cien comentarios escondidos detrás de una puerta cerrada.
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