Storytime de cuando puse en su sitio a una 'pick-me' por sus comentarios transfóbicos y pasivo-agresivos hacia mi amiga.
Aviso importante antes de empezar: Si vas a venir a mi directo a hacerte la graciosa a costa de mis amigas para buscar validación masculina, prepárate para salir llorando. Donde las dan, las toman.
Y de repente, aparece en escena la protagonista de esta historia. La típica chica que necesita ser el centro de atención y que, en un intento de hacerse la graciosa soltando su veneno pasivo-agresivo, se dirige a mi amiga y le suelta:
— "¿Por qué no has puesto autotune y has cantado agudo?"
Mi amiga, que tiene más educación que ella, le responde con toda la tranquilidad del mundo: — "Porque es mi voz, me gusta así, en grave."
Pero la pick-me no iba a soltar el hueso tan rápido. Necesitaba su minuto de gloria frente a los tíos que la leían, así que insistió: — "Pero entonces no la has copiado... Tienes que cantarla más aguda."
Mi amiga le volvió a contestar, intentando zanjar el tema: — "No, porque es mi voz, a mí me gusta así, en grave... Ya lo sé."
El relevo: Sacando la artillería pesada
En ese exacto momento, al ver cómo esta chica intentaba acorralar a mi amiga con su transfobia encubierta de "broma musical", mi cerebro hizo un pequeño clic. Se acabó la paciencia. Me puse al frente, tomé las riendas de la conversación y saqué a pasear mi lado más letal.La miré fijamente a la cara y le solté el discurso que se había ganado a pulso:
"Mira, quieres ir de 'pick-me', pero obviamente te falta un hervor. Y no te lo digo por el color de tu pelo (porque era rubia), sino porque te quieres hacer la graciosita para rascar un poco de validación masculina. Quieres parecer transfóbica siendo pasivo-agresiva con ella, pero cariño, yo ya estoy muy acostumbrada a lidiar con gente como tú."
Pero con desenmascarar su actitud no me bastaba. Había tocado a mi amiga, así que necesitaba algo más.
El jaque mate estético y literario
Me fijé bien en ella y decidí que, si íbamos a jugar sucio, yo tengo un máster.
"Por cierto", le solté sin inmutarme, "pareces un hámster almacenando pipas para hibernar. Deberías plantearte hacerte la bichectomía como Violeta Magriñán. Y de paso, menos pestañas postizas y más libros para nutrir un poco ese cerebro".
La tensión se podía cortar con un cuchillo, pero yo todavía no había terminado. Tenía que darle el golpe de gracia, así que me puse filosófica para rematar la jugada:
"Porque aparte de tener una cara bonita... como decía Simone de Beauvoir: 'la belleza no es más que un regalo de consuelo para un cerebro vacío'. Y tú, al parecer, careces totalmente de él".
Despedida y cierre
Con todo el dossier de verdades sobre la mesa, hice lo único que quedaba por hacer. Despedirla de nuestro directo.
"Pero bueno, que gracias por tu poquísima aportación tanto en mi directo como para el mundo. Te aseguro que si desapareces ahora mismo, nadie se va a dar cuenta. Bueno, hasta luego."
Y la echamos.
Moraleja de la historia: métete conmigo si quieres, pero no vengas a mi casa a intentar humillar a mis amigas, porque te vas a ir calentita, sin validación masculina y con una cita de Simone de Beauvoir de regalo. 💅



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