Pero hay un pequeño problema: los eclipses solares no deberían existir.
Hoy vamos a ver cómo han alterado el curso de la historia y por qué el simple hecho de que tú puedas salir a ver uno es, literalmente, tener más suerte que si te tocara la lotería cósmica.
El pánico ancestral y los astrónomos borrachos
Imagina por un segundo que eres una persona de la antigüedad. Estás tranquilamente regando tu sembrado cuando, de repente, a plena luz del día, el Sol decide desaparecer. Lo más lógico del mundo es que mires al cielo y pienses:
"Eh, disculpa, pero ¿qué narices está pasando?"
Es completamente normal que la gente se lo tomase como que los dioses estaban cabreados y se venían desgracias. Cada cultura tenía su propia película montada:
Los mayas creían que un jaguar gigante se había zampado el Sol.
Los vikingos aseguraban que la culpa era de dos inmensos lobos cósmicos.
Los chinos apostaban por un dragón al que intentaban ahuyentar haciendo muchísimo ruido con tambores, cacerolas y hasta disparándole flechas para obligarle a escupir a la "gran estufa celestial".
De hecho, cuenta la leyenda que, hace unos 4.000 años, dos astrónomos imperiales chinos fueron decapitados por estar borrachos y no ver venir un eclipse. No era para tomárselo a broma.
El eclipse que detuvo una guerra (y el truco de Colón)
Como para los babilonios era igual de importante predecir estos malos augurios, hace 2.600 años descubrieron el ciclo de Saros tras darse cuenta de que cada 223 lunas volvía a producirse un eclipse casi idéntico. Y puede que el matemático griego Tales de Mileto usara un método parecido para predecir el famoso eclipse que detuvo una guerra.Se dice que en el 585 a.C., los Medos y los Lidios estaban en plena y sangrienta batalla en el actual centro de Turquía cuando, de pronto, el Sol dijo "bye bye". Huelga decir que los honorables soldados de ambos bandos se giñaron vivos ante semejante presagio divino, abandonaron las armas y firmaron la paz tras más de 5 años de conflicto.
Pero esto no es nada comparado con la jugada maestra que se cascó Cristóbal Colón en Jamaica en 1504.Durante su último viaje a América, Colón quedó varado en la actual Bahía de Santa Ana. Los indígenas taínos ya se estaban cansando de alimentarlos a cambio de baratijas europeas. Así que, para evitar un motín y no morir de hambre, Colón recurrió a un eclipse lunar que sabía que ocurriría el 29 de febrero.
Advirtió a los taínos de que, si no les daban más de comer, su Dios les castigaría haciendo desaparecer la luna. Parecía que no iba a colar, pero Colón. Cuando la luna efectivamente empezó a oscurecerse, los taínos, aterrorizados, le suplicaron ayuda. Colón hizo el teatrillo de irse a "rezar un poquito" y, mágicamente, la luna volvió a brillar... y la comida volvió a fluir.
El día que Einstein se convirtió en una estrella del rock
El eclipse más famoso de la historia contemporánea sucedió el 29 de mayo de 1919, cuando el astrofísico Sir Arthur Eddington confirmó una "tontería sin importancia" llamada Teoría de la Relatividad General de Einstein.
Aprovechando la oscuridad total del eclipse, Eddington hizo fotos a las estrellas que estaban justo pegaditas al Sol. Luego, comparó esas imágenes con otras hechas a esas mismas estrellas meses antes, cuando el Sol estaba en otra zona del cielo.
La distorsión que captó demostró que la enorme gravedad del Sol obligaba a la luz a desviarse.
Ese único momento convirtió a Albert Einstein en una absoluta estrella del rock de la noche a la mañana.
La lotería cósmica: Por qué somos unos privilegiados
Nada de esto habría sucedido sin uno de los tiros desde el centro del campo más locos de la astrofísica. Que en la Tierra tengamos eclipses solares totales es gracias a una coincidencia cósmica que es que te cagas de improbable:
Resulta que el Sol es unas 400 veces más grande que la Luna, pero está exactamente unas 400 veces más lejos de nosotros que ella.
Por esa proporción exacta parecen del mismo tamaño en el cielo. No como en Marte, donde los eclipses son un flopazo absoluto.
Pero ojo, porque esto no siempre ha sido (ni será) así:
Hace algunos miles de millones de años, la Luna estaba tan cerca que tapaba demasiado el Sol y no dejaba ver la preciosa corona solar.
Como la Luna se aleja de la Tierra 3,8 centímetros al año, dentro de mil millones de años todos los eclipses serán anulares (no llegarán a tapar el Sol por completo).
Así que sí, has nacido justo a tiempo de ver este espectáculo tan especial.
Pero, para terminar con una reflexión, ¿sabes qué molaría de verdad? Que fuésemos un poco más como los Batammaliba de Togo y Benín. Ellos creen que un eclipse es una encarnizada lucha entre el Sol y la Luna, y que la única forma de pararlos es que las personas resuelvan sus propias disputas y guerras aquí abajo, para inspirar a los astros a hacer lo mismo en el cielo.No sé, igual molaría.
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