Ya que es mi blog, quiero dar mi opinión de algo que está pasando actualmente en mi país, sin entrar en discusiones estúpidas de izquierda o derecha, buenos y malos.
A veces siento que necesitamos sentarnos en círculo y repasar la lección más fundamental de todas. Así que, con un poco de ironía y a ritmo de canción infantil, la lección de hoy suena un poco así:
"¡Hola, niños! Hoy vamos a aprender un poquito de economía básica. Cuando limitas los alquileres, los propietarios no alquilan más. Cae la oferta, suben los precios y aquí venimos a protestar. Y exigimos más prohibiciones... y lo empeoramos un poco más."
Al final, el resultado es el que todos conocemos: hay menos casas, las que quedan son aún más caras y, si te cruzas con alguien por la calle, la conversación se parece a esto:
— Hola don José, ¿encontró usted por fin casa?
— Ni de coña la encontré, nadie me alquila, ¿y por qué podrá ser?
— Adiós, don Pepito. Adiós, don José.
El diagnóstico: Padecemos de "Reimagismo"
Si observas a la mayoría de la gente que hay en las acampadas y manifestaciones actuales, notarás que padecen un síndrome que yo he bautizado como Reimagismo.¿Por qué hago esta comparación con los Reyes Magos? Porque es un tema en el que todos los adultos sabemos que no existen, mientras que la mayoría de los niños piensan que sí. Sin embargo, llega un punto en la vida en el que entiendes la realidad y, una vez que la ves, ya no hay vuelta atrás. No puedes "des-darte cuenta".
Imagínate por un momento una manifestación de gente adulta reclamando mejores condiciones laborales para los Reyes Magos. Suena absurdo, ¿verdad? Pues es exactamente lo que está pasando aquí. Muchos no saben todavía que las medidas que están reclamando con tanta vehemencia van a provocar, matemáticamente, el efecto diametralmente opuesto al que desean.
La trampa de las buenas intenciones
No entienden que si tú pones más límites a los alquileres y les pones más trabas burocráticas y legales a los propietarios, los propietarios simplemente van a poner menos casas en alquiler.
Ponte en su lugar: si eres propietario y te ponen mil problemas y riesgos, vas a decir: "Mira, no la pongo en alquiler. La vendo, meto a un familiar o la dejo cerrada". ¿Y qué pasa si hay menos casas en el mercado pero la cantidad de gente que busca un techo sigue siendo exactamente la misma? No es una cuestión de ideología, no es una cuestión de opinión, es física pura: el precio va a subir.
Ojo, te puedo comprar un argumento: si tú ya eres un inquilino con contrato en el centro de Madrid, es lógico que quieras que se congelen las rentas y se prohíban los desahucios. Te va a beneficiar a ti, concretamente, porque ya estás dentro. Pero lo que no saben (o no quieren ver) es que con esto están apoyando el nacimiento de un nuevo grupo privilegiado: los inquilinos que ya tienen casa, blindando el mercado y dejando en la calle a los que intentan entrar.
La balada del "Decreto Mari Carmen"
Para terminar esta reflexión, ¿queréis otra canción de economía? Pues vamos allá, basada en hechos reales:
Yo conozco una vecina, una antigua inquilina, que en el Retiro solo 500 euros pagaba. Y no era gracias al banco, era por una ley de Franco, que por la PSOE fue derogada.
Y ya no se subrogaba, y aunque ella lo rogaba, el contrato llegó a su extinción. Pero la vecina Mari Carmen, se volvió un icono ganador, para hacer una campaña y nueva legislación.
El problema de legislar a base de sentimentalismo es que la realidad siempre te devuelve el golpe. El bautizado popularmente como "Decreto Mari Carmen" solo va a conseguir que suba el alquiler un poco más. ¿La consecuencia más triste? Que al verdaderamente vulnerable, nadie más le va a alquilar. El riesgo será tan alto que los propietarios solo aceptarán perfiles con nóminas blindadas.
Tendrá el efecto opuesto a lo que se pretende. Y si se aprueba, por favor, no te olvides de algo fundamental: yo ya te lo avisé.
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