Si hoy en día respiras memes, se lo debes a ellos. Porque antes de que compartir un meme fuera tan fácil como darle a un botón, la viralidad era una bestia completamente distinta.
El Jurásico de la Viralidad
Hoy estamos acostumbrados a que un meme nazca, se viralice, salga en las noticias y muera en cuestión de 48 horas. Es comida rápida. Pero en el 2010, la cosa era muy diferente.
Los memes de la Primera Generación no eran fotos de gatitos borrosos ni capturas de pantalla de tuits irónicos. Eran viñetas. Cómics hechos en Paint con un pulso cuestionable y personajes en blanco y negro que representaban la miseria y comedia humana en su máxima expresión.
¿Te acuerdas de la cara de Trollface? ¿Del dramatismo de FFFUUUUU? ¿De la tristeza absoluta de Forever Alone o la chulería de Fuck Yea?
Eran obras de arte rupestre digital, y necesitaban un hogar en habla hispana.
Cuánto Cabrón: El Louvre de nuestra adolescencia
Ahí es donde entra Cuánto Cabrón. Este sitio web no fue solo una página más de chistes; fue uno de los primeros epicentros de contenido viral en español. Básicamente, agarró a estos personajes de nicho que deambulaban por los rincones oscuros de foros anglosajones y los vistió de gala para el público hispanohablante.
Le dio orden y sentido a la anarquía de internet.
Nos otorgó un lenguaje común: de repente, toda tu clase en el instituto o la universidad entendía lo que significaba poner una cara de Y U NO.
Le dio a los memes de la primera generación el reconocimiento institucional que se merecían.
Entrar a Cuánto Cabrón era el equivalente a leer el periódico por las mañanas. Actualizabas la página compulsivamente esperando ver la nueva viñeta que te hiciera escupir el agua frente al ordenador.
El legado: De frikis a fenómeno cultural
Puede que hoy veamos aquellas viñetas y nos parezcan primitivas, con esa fuente Impact gigante y esos dibujos mal trazados. Pero no nos equivoquemos: el fenómeno cultural que hoy conocemos como "memes" sentó sus bases allí.
Cuánto Cabrón fue la escuela que nos enseñó a comunicarnos a través del humor gráfico en internet. Normalizó el hecho de reírnos de nuestras propias tragedias cotidianas (como pisar un Lego o que se te enredaran los auriculares en el bolsillo) a través de una imagen.
Así que, la próxima vez que envíes un sticker sin contexto a tu grupo de WhatsApp y todos se rían, haz una pequeña reverencia mental. Porque antes de esa genialidad inmediata, hubo un ejército de Trollfaces en Cuánto Cabrón picando piedra para que tú hoy puedas reírte.
Respeto a los mayores.
me tocó muy poco de esa época pero igual si llegué a ver los ragecomics, diría que los soyjaks de hoy en día se parecen mucho a ellos en el sentido de que son personajes hechos en paint bastante versátiles
ResponderEliminar¡Totalmente, zelyv! Has dado en el clavo. Son la versión moderna (y quizás un poco más irónica) de los rage comics de la época. ¡Mil gracias por pasarte a leer y dejar tu aporte! Un abrazo.
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