Copitos de Nieve

13 julio 2026

A ningún lugar: Sobre la inercia de correr para no quedarnos atrás

Llevo un tiempo sintiendo que el mundo gira a cámara rápida. Vivimos en una época en la que la prisa parece ser el único estado natural aceptable. Vienes de años de dar un salto de calidad brutal, de exigirte al máximo cada día para llegar a algún lugar. 

Toda esa inercia te empuja a seguir corriendo, a encadenar un paso con el siguiente, creando caminos, como si tu propia vida fuera un sistema que no puede permitirse ni un segundo de paz. Aceleras porque ves que todos a tu alrededor corren. Aceleras por miedo a quedarte atrás.

Hace poco me encontré con una conversación que me atravesó por completo. Dos personas en un autobús, un intercambio de palabras fugaz, pero con el peso de mil verdades juntas. Fue algo así:

— Hija, ¿Dónde te bajas? 

— Es que... no sé adónde voy.

— ¿Y entonces para qué te subes? 

— A algún autobús tenía que subirme, ¿no? El mundo parece ir muy rápido. Todos van corriendo para llegar a algún sitio. No sé a cuál, pero yo también quería llegar. 

— Pues al que no sabe adónde va, cualquier autobús le vale. ¿Quién eres tú? ¿Qué te gusta? ¿Qué te mueve? A ver, te pregunto: ¿Tú quieres llegar a algún sitio? ¿O lo que quieres es dejar de sentirte atrás? 

— Pues la verdad es que no lo sé. Creo que no quiero llegar porque ni siquiera existe un sitio al que sienta que deba ir. Porque aquí me siento insuficiente, me siento estancada. Y en este mundo parece que quedarse quieta está mal. Solo que es raro, porque cuando intento avanzar, en vez de acercarme a algo, parece que me pierdo más. 

— Entonces bájate aquí, o donde te dé la gana, pero para. A veces uno no necesita saber adónde va, sino cuándo parar. Cuando te respondas a ti misma quién eres y quién quieres ser, ya mirarás qué ruta te conviene.

La trampa de avanzar por avanzar

Esa es la gran mentira que nos han vendido: la idea de que quedarse quieto es fracasar.

Nos subimos al autobús de la rutina, de los planes de estudio interminables, del trabajo o de las expectativas sociales sin pararnos a mirar el cartelito que indica el destino final. Solo sabemos que el motor está en marcha y que el paisaje pasa muy rápido por la ventana. Confundimos el movimiento con el progreso.

Y duele. Duele muchísimo esa sensación de sentirte "insuficiente" o "frenada", esa paradoja cruel de que cuanto más intentas avanzar hacia un objetivo borroso, más perdida te sientes por dentro. Porque no te estás acercando a tus sueños, te estás alejando de ti misma por culpa de la inercia.

El acto revolucionario de detenerse

"O lo que quiere es dejar de sentirse atrás?". Qué pregunta tan demoledora. Cuántas decisiones tomamos en la vida no por convicción, no por pasión, sino por el puro y absoluto terror a no encajar en los tiempos que nos marcan los demás.

A veces, la decisión más valiente que puedes tomar no es apretar los dientes y aguantar el tirón. La decisión más valiente, a veces, es simplemente tocar el timbre. Bajarte en medio de la nada, respirar el aire de la calle y sentarte en una marquesina a ver cómo todos los demás siguen corriendo.

Porque no pasa absolutamente nada por no tener el mapa resuelto. No pasa nada por apagar el piloto automático. Como bien le dijeron a aquella chica en el autobús: el primer paso no es encontrar la ruta perfecta, el primer paso es saber cuándo parar para recordarte quién eres.

Ya habrá tiempo para mirar los horarios de los próximos autobuses. Hoy, simplemente, permítete el lujo de detenerte.

2 comentarios:

  1. Que cierto es esto
    Yo siento que ultimamente hay como una "ola" que nos quiere convencer de que hay una forma de vivir "bien", y es muy fácil subirse a ese tren sin realmente pensar si eso aplica o no para nosotros. Un ejemplo es el "club de las 5am", o sea está perfecto que haya gente que disfruta levantarse a esa hora, pero no es productivo para todos, e igualmente lo venden como que las personas solo pueden ser exitosas si se levantan a las 5am🤌 Y esto termina pasando con muchísimas cosas: tener una carrera antes de cierta edad, emprender, hacer networking, ir al gimnasio, leer 5000 libros al año, hacer tu marca personal, etc
    Pareciera que terminamos persiguiendo objetivos que ni siquiera sabemos si son nuestros, o si nomas los adoptamos porque todos los hacen o nos dicen que los hagamos
    Al final del día, de q nos sirve avanzar mucho en una dirección a la q ni siquiera queremos ir?

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    1. ¡Hola Chiara! Tienes muchísima razón, te entiendo a la perfección. Esa "ola" de la que hablas es agotadora; parece que nos bombardean constantemente con un manual de instrucciones sobre lo que significa el éxito o vivir "bien", y si te sales de esa ruta, parece que estás fracasando. Qué importante es darnos cuenta de esto para poder bajarnos de esa ola a tiempo y empezar a nadar a nuestro propio ritmo. ¡Mil gracias por compartir tu reflexión y por estar siempre ahí leyendo! Te mando un abrazo gigante.

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