Imagínate por un momento que tienes ocho años. Vives en un mundo que, a simple vista, parece sacado de un libro de cuentos infantil: todo está dibujado a mano, abundan los colores pastel y los animales del bosque parecen dispuestos a jugar contigo. Pero si miras un poco más de cerca, las sombras son demasiado alargadas, el ambiente resulta asfixiante y los adultos están demasiado ausentes. Así es el universo de Little Misfortune, mi juego de PC favorito, y una experiencia narrativa que te rompe el corazón al mismo tiempo que te arranca una sonrisa.
La historia nos pone en la piel de Misfortune Ramirez Hernandez, una niña adorable, curiosa y con una imaginación desbordante. Todo comienza cuando una voz rompe la cuarta pared. Una voz profunda, elegante y misteriosa en tu cabeza que se hace llamar "Mr. Voice". Este narrador te propone jugar a un juego, y el gran premio no es otro que la Felicidad Eterna.
¿Y qué hace una niña de ocho años con un premio de semejante magnitud? Dárselo a su mamá, por supuesto, porque según ella misma nos cuenta con total naturalidad, "ella lo necesita más". Ese es el gran motor de la historia: una búsqueda desinteresada y tierna en medio de un entorno que no lo es en absoluto.A partir de ahí, el juego te suelta de la mano y te invita a acompañar a Misfortune en una aventura por su casa, el bosque y la ciudad. A nivel jugable, es una aventura interactiva (o point and click) muy accesible. Caminas, exploras tu entorno y, sobre todo, tomas decisiones. El juego te pondrá en disyuntivas constantemente: puedes elegir llevarte un perrito o un gatito de juguete, decidir si confías en ciertos personajes, o elegir a qué le tiras un poco de tu "purpurina mágica" para arreglarlo cuando las cosas se ponen feas.
Y es que las cosas se ponen feas. Cada elección que haces tiene consecuencias, y el juego se encarga de recordártelo.
Pero aquí está el verdadero truco de este título: Little Misfortune domina el arte del contraste a la perfección. Mientras Misfortune habla con una inocencia desarmante, saluda a los zorros y suelta frases icónicas como "Yikes forever" cuando algo le da mal rollo, el mundo a su alrededor revela de fondo temas de negligencia, dolor y secretos macabros.
¿Por qué es mi juego favorito?
Porque va mucho más allá de ser solo una aventura interactiva corta; es una pequeña obra maestra sobre cómo la inocencia sobrevive en un entorno que hace todo lo posible por arrebatártela.
Cuando juegas a Little Misfortune, ocurre algo mágico y doloroso a la vez: experimentas la historia a través de dos lentes diferentes de forma simultánea. Por un lado, ves el mundo a través de los ojos de Misfortune. Para ella, un zorro espeluznante es un amigo, los carteles de niños desaparecidos son simples fotos, y cualquier problema, por grave que sea, se puede solucionar si le tiras un poco de purpurina por encima porque lo haces más bonito.
Pero, por otro lado, tienes tu propia perspectiva como jugador. Tú sabes lo que está pasando realmente. Entiendes el significado de las botellas vacías tiradas por su casa, intuyes la dura realidad de su entorno familiar y percibes el verdadero peligro de las sombras que la acechan. Esa brecha entre lo que Misfortune percibe y lo que tú, al otro lado de la pantalla, entiendes que está ocurriendo, genera una tensión emocional brutal que te mantiene pegado a la silla.Además, me fascina cómo el juego maneja tus expectativas. Te hace creer que tus decisiones van a cambiarlo todo, y aunque tus elecciones moldean el viaje y te regalan diálogos únicos, en el fondo Little Misfortune te enseña una dura lección sobre la inevitabilidad y cómo, a veces, lo único que podemos controlar es la actitud con la que afrontamos las cosas.
Pocos juegos consiguen hacerte reír a carcajadas con su humor negro y absurdo para, en la siguiente escena, dejarte con un nudo en el estómago por la crudeza de lo que te está insinuando. Misfortune es un personaje que se queda contigo mucho después de que aparezcan los créditos finales. Su optimismo inquebrantable y su amor incondicional frente a la tragedia resultan inspiradores y devastadores a partes iguales. Al final, el juego es un recordatorio de que, a veces, repartir un poco de purpurina mágica y sonreír es el mayor acto de rebeldía.Si te gustan las aventuras narrativas que te hacen pensar, que juegan con tus emociones y que no tienen miedo de ser oscuras bajo una capa de adorabilidad extrema, tienes que darle una oportunidad. Prepara tu purpurina, porque la vas a necesitar. Yikes forever!
Es un juegazo y jugable muchas veces. Ya lo jugué pero con este post me dan ganas de repetirlo.
ResponderEliminar¡Hola Carlus! Totalmente de acuerdo contigo, es un juegazo de esos que no te cansas ¡Qué ilusión más grande que el post te haya dado ganas de volver a jugarlo! ¡Un abrazo enorme y mil gracias por pasarte a comentar!
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