Cuando la gente me pregunta por qué decidí estudiar ingeniería electrónica, creo que siempre esperan una respuesta sumamente técnica, seria y madura. Suelen imaginar a una niña pequeña desmontando radios viejas en el garaje, trasteando con cables pelados o programando ordenadores desde la cuna con unas gafas enormes. Pero la verdad es mucho más divertida, tiene mucho más brillo y está llena de magia: soy ingeniera por culpa de Pretty Cure.
Por si no la conoces, Pretty Cure (o PreCure) es una de las series de animación japonesa que veía cuando era muy pequeña. Para ser totalmente sincera, puede considerarse no solo mi favorita de aquella época, sino la serie de mi vida. En la superficie, a ojos de cualquier adulto, parecía la clásica historia de "chicas mágicas" destinadas a salvar el mundo de las fuerzas del mal. Sin embargo, tenía un elemento clave que me voló la cabeza por completo y que lo cambiaría todo para mí: la fascinante tecnología detrás de sus objetos de transformación.
El artefacto: La magia tecnológica de los 2000
Olvídate de las típicas varitas mágicas de madera con estrellitas en la punta o los colgantes de cristal. En la maravillosa década de los 2000, la cumbre absoluta de la modernidad y el estilo eran los teléfonos móviles de tapa. Y las protagonistas de esta serie tenían, sin lugar a dudas, los mejores dispositivos jamás creados en la historia de la animación: los Card Communes.Eran unos móviles mágicos con un diseño increíble donde, literalmente, vivían encerradas unas adorables criaturitas (las hadas protectoras de la serie). Para interactuar con ellas, darles de comer, curarlas, hacerlas dormir o desatar el poder para transformarse en guerreras, las protagonistas no recitaban simplemente un hechizo; tenían que deslizar unas tarjetas físicas por una ranura en el lateral del móvil. Era una mezcla alucinante, táctil y futurista entre un Tamagotchi de última generación, un teléfono móvil y magia en estado puro.
Dos chicas, cero magia a distancia y muchos puñetazos
La dinámica de la serie era una genialidad y resultó súper rompedora para su época. La trama seguía a dos chicas, Nagisa y Honoka, que eran polos totalmente opuestos en su instituto. Nagisa era la deportista estrella, puro nervio, hiperactiva y un absoluto desastre en los estudios. Por otro lado, estaba Honoka, la presidenta del club de ciencias, siempre inteligente, calmada, refinada y muy analítica.
A pesar de no tener absolutamente nada en común y chocar constantemente, el destino las obligaba a trabajar juntas para luchar contra las oscuras fuerzas de la Zona Dotsuku. Y aquí viene lo mejor: cuando se transformaban en Cure Black y Cure White, no luchaban lanzando rayitos de colores desde la distancia ni agitando varitas inofensivas. Peleaban a puñetazo limpio. Usaban artes marciales, patadas voladoras y una fuerza física espectacular que te dejaba pegada a la pantalla. Esa intensidad bruta era la gran seña de identidad de PreCure.
Mi obsesión: El hada rosa, el color azul y una chica como yo
Pero aunque me encantaban las coreografías de artes marciales y la preciosa amistad que forjaban episodio tras episodio, mi verdadera obsesión estaba guardada en sus bolsillos. Las hadas que vivían en las pantallas de aquellos teléfonos se llamaban Mepple (el amarillo) y Mipple (el rosa).
Yo quería a Mipple con toda mi alma. Deseaba con todas mis fuerzas tener ese móvil de tapa, escuchar el "clic" al abrirlo y ver a ese pequeño bichito rosa en la pantalla esperando a que yo pasara una tarjeta para cuidarlo.
Esa conexión iba mucho más allá de querer un simple juguete. Me sentía profundamente representada por la chica a la que le pertenecía ese dispositivo: Honoka. Ver en la televisión a una niña que, al igual que yo, era morena y tenía el pelo largo, me hacía sentir que yo también podía ser parte de ese universo. Yo quería ser exactamente como ella. Además, todo encajaba en una estética perfecta para mí; aunque el hada Mipple era rosa, el diseño de Honoka, su transformación en Cure White y su aura desprendían constantemente detalles en tonos azules, que da la casualidad de que siempre ha sido mi color favorito. Esa combinación de mi color predilecto, una chica con la que me identificaba físicamente y el hada rosa que tanto ansiaba tener, formaron el cóctel perfecto en mi cabeza.
De la magia a los circuitos impresos
Como en el mundo real no podía ir a una tienda de electrónica y comprar un teléfono móvil con un ser vivo mágico dentro, mi cerebro infantil empezó a hacerse preguntas mucho más terrenales.
¿Cómo funciona realmente una pantalla? ¿Qué hay escondido debajo de todo ese plástico para que un aparato responda de inmediato cuando tocas un botón o deslizas una tarjeta de cartón? Si la magia del universo no me iba a dejar un Card Commune en la mesita de noche, ¿podría llegar a construirlo yo algún día si lograba entender cómo funcionaban los cables, los microchips y los circuitos?
Esa curiosidad incesante por destripar y comprender las tripas de los aparatos electrónicos fue creciendo conmigo. Estaba completamente impulsada por mi deseo absoluto de replicar la magia de mi serie favorita. Esa fue la chispa exacta que encendió mi vocación. Pretty Cure me enseñó que dos chicas radicalmente distintas pueden salvar el mundo a base de valentía y puñetazos pero, sobre todo, me demostró de la forma más bonita posible que a veces la magia más poderosa es esa curiosidad infantil que, años después, acaba transformándose en tu profesión real.
wow ingeniería electrónica, ahora quiero ver la serie
ResponderEliminar¡Hola Sabrina! La verdad es que la serie es una maravilla y te engancha rapidísimo, así que te animo un montón a que le des una oportunidad. ¡Te mando un abrazo gigante y mil gracias por pasarte a leer y comentar!
Eliminaradoro cuando me entero que series de la infancia fueron la catapulta de muchos en sus sueños, especialmente de chicas ♥ oh rayos! siento que me he perdido de una buena serie, tendré que buscarla.
ResponderEliminar¡Hola Nooboo! ¡Ay, totalmente de acuerdo! Es precioso ver cómo la ficción que consumimos de pequeñas nos termina empujando a dar el salto. Te mando un abrazo enorme y mil gracias por pasarte a leer y comentar. Amo tu blog, yo también soy simmer!
EliminarQue hermoso como algo que parece "infantil" que se supone que su único fin es entrevernos se termina volviendo en algo muy espacial para nosotros y nuestro futuro. a mi me paso algo similar con sailor moon. específicamente con sailor mercurio, gracias a ella me empezó a interesar todo el tema tecnológico, actualmente estoy estudiando ingeniería en sistemas.
ResponderEliminar¡Hola gianee! Tienes toda la razón. A veces se subestima el poder de las historias que veíamos de pequeñas, tachándolas de simple entretenimiento, cuando en realidad pueden acabar marcando nuestro camino de forma muy real.
EliminarMe ha gustado mucho leer que Sailor Mercury fue tu referente. Qué bueno cruzarse con otra futura ingeniera por aquí; sé bien la cantidad de horas, de pelearse y el esfuerzo mental que exige sacar adelante la carrera, así que te mando mucho ánimo con Sistemas.
Gracias por pasarte por el blog y compartir tu experiencia. ¡Un abrazo!