Llevo un tiempo sintiendo que el mundo gira a cámara rápida. Vivimos en una época en la que la prisa parece ser el único estado natural aceptable. Vienes de años de dar un salto de calidad brutal, de exigirte al máximo cada día para llegar a algún lugar.
Toda esa inercia te empuja a seguir corriendo, a encadenar un paso con el siguiente, creando caminos, como si tu propia vida fuera un sistema que no puede permitirse ni un segundo de paz. Aceleras porque ves que todos a tu alrededor corren. Aceleras por miedo a quedarte atrás.