Copitos de Nieve

28 julio 2026

La lección que aprendí cuando me rompieron los esquemas

Si tienes menos de 25 años o sientes que tu lóbulo frontal aún está en fase de construcción, quiero que te sientes un momento. Ponte cómoda, prepárate, y escúchame con la misma atención con la que escucharías a una hermana mayor que ya ha caminado por donde tú estás pisando ahora.

Vengo de tu futuro. Y quiero contarte una historia y una lección que aprendí hace ya mucho tiempo, algo súper valioso que me habría salvado de muchísimos dolores de cabeza si alguien me lo hubiera explicado antes.


Hace años, me di cuenta de una verdad universal: a lo largo de tu vida, te va a pasar algo profundamente injusto.

No sé exactamente qué forma tomará en tu caso. No sé si será que de repente tu grupo de amigos de toda la vida te margina y te empieza a putear sin ningún motivo aparente. No sé si se inventarán cosas tuyas que son completas mentiras, si una amiga a la que considerabas hermana te traicionará, o si tu novio te dejará por la puta cara para irse con tu mejor amiga (o con la suya). Sea lo que sea, te garantizo que algo muy turbio y doloroso te va a suceder.

Cuando me pasó a mí, el mundo se me cayó encima. Y por eso, hoy quiero dejarte claras un par de cosas vitales que aprendí en aquel entonces.

Ojo, que quede por delante que nosotras también nos podemos equivocar; esta no es una charla que no invite a la autocrítica. Pero cuando alguien te haga algo que te rompa, algo muy, muy injusto y que definitivamente no te mereces, grábate esto a fuego:

No tiene nada que ver contigo, tiene que ver con ellos

Lo primero que aprendí es que cuando una persona te trata con crueldad, eso no es un reflejo de tu valor, sino del suyo. Esa persona, con sus actos, te está demostrando exactamente cómo es.

Y, mirándolo con perspectiva, pensé: ¡Menos mal que me lo ha demostrado! Menos mal que se quitaron la careta. En cuanto veas eso, tu única reacción debe ser huir y salir corriendo en dirección contraria. Esa persona es así y punto. No te lo ha hecho porque tú te lo merezcas, ni porque hayas sido tonta, ni por ninguna carencia tuya. No te cuestiones a ti misma. Cuando una persona es cruel, es porque la persona es cruel. Fin de la historia.

La trampa del odio y la venganza

Lo segundo que descubrí es lo adictiva que puede ser la rabia. Vas a estar muy cabreada, furiosa. Vas a querer con todas tus fuerzas que esa persona vuelva arrastrándose a pedirte perdón. Es facilísimo caer en la tentación de concentrar toda tu energía en devolver el golpe, en vengarte, o en pasarte las madrugadas en vela dándole vueltas al por qué las cosas sucedieron como sucedieron.

Yo estuve ahí. Hubo una época en mi vida en la que vivía en un bucle (on loop, como decía yo). Me tiré meses dándole vueltas a la gente que me había hecho daño, dedicando toda mi energía mental a sus acciones.

Hasta que un día un buen amigo mío, me dijo una frase que me cambió los esquemas:

"El 99% del odio te lo comes tú, y solo el 1% le llega a la otra persona."

Tenía toda la razón. Todo ese veneno me lo estaba tragando yo sola.

La Gran Transformación: Usa la rabia a tu favor

Esa rabia que vas a sentir no es mala. De hecho, es buenísima, porque es un motor increíble; te da una fuerza descomunal para hacer cosas. Pero el secreto, la gran lección que aprendí aquel año, es que tienes que concentrar toda esa energía única y exclusivamente en ti misma.

Ese 99% de odio, utilízalo a tu puto favor:

  • Vete al gimnasio y revienta las pesas.

  • Haz deporte, muévete, sal a correr hasta que no te quede aliento.

  • Aliméntate mejor, cuida tu cuerpo como si fuera un templo.

  • Rodéate de gente que realmente valga la pena.

  • Lee. Lee muchísimo, sobre todo a autoras femeninas que hablen de economía, de política, de cómo funciona el mundo.

  • Sácate esa carrera que tanto deseas.

  • Múdate de una vez a ese país que siempre te dio miedo pisar.

  • Ve a por ese puesto de trabajo que creías que te quedaba grande.

Enfoca cada gramo de esa energía en construir algo positivo y gigante para ti.

El año que cambié el chip

Te lo digo yo, que ya soy un pelín más mayor y me he llevado mis golpes. Llegó un año en el que decidí entender el juego de la vida por completo.

Me planté y me dije: "¿Sabes qué? A tomar por culo esta gente. Me han mostrado quiénes son, pues se van a la mierda".

No les dediqué ni dos segundos más de mi pensamiento. Seguí con mi vida. Hice limpieza y me rodeé solo de personas que de verdad sentía que me aportaban cosas positivas, y me concentré única y exclusivamente en mí.

¿Y sabes qué pasó? Que aquel año se convirtió en el año que más cobré en toda mi vida. Fue mi mejor momento laboral y mi mejor momento económico. Socialmente, estaba rodeada de calidad humana, y me sentí mejor que nunca.

Ese es el camino. That is the way.

No le regales tu valiosa energía a gentuza que no sabe valorarte. Hazme caso, hazle caso a tu hermana mayor: no mires para atrás ni para coger carrerilla. Siempre con la vista en el futuro, y siempre, siempre, apostando por ti.

4 comentarios:

  1. Que cierto es esto! Voy a tenerlo muy en cuenta, muchas gracias! 💞💞

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    1. ¡Hola Chiara! Muchísimas gracias a ti por pasarte a leer y comentar. 💖 Ojalá esta lección te sirva de escudo, ¡que ya sabemos que la batalla contra la adultez a veces pega fuerte! jajaja ¡Un abrazo gigante!

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  2. Necesitaba mucho este consejo, recientemente me ha sucedido una situación totalmente injusta donde un grupo de "amigas" me ha apartado y tratado bien feo sin razón aparentemente. Te agradezco mucho por escribir está entrada, es una lección muy sabía que aplicaré a partir de ahora en mi vida 💓

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    1. ¡Hola Lasito! Lamento mucho esa situación, nadie merece que lo aparten de esa forma y menos sin razón. Pero me hace muy feliz saber que mis palabras te han dado un poquito de luz. Recuerda siempre lo que vales y no dejes que el comportamiento de otros te haga dudar de ti misma. ¡Mucho ánimo y un abrazo enorme!

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